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Las puertas de Roma de José Verón

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Presentación de Las puertas de Roma de José Verón

Fernando Aínsa
Feria del Libro de Zaragoza, 4 de junio 2013

 Aunque desconozco quién fue, debo agradecer al que se le ocurrió sugerir que yo podría presentar Las puertas de Roma de José Verón. El desconocido consejero me ha propiciado un reencuentro con un escritor amigo, una placentera lectura, al mismo tiempo que un aprendizaje sobre una figura —la del poeta Marcial— del que solo conocía sus epigramas y poco sabía de su vida.

Tenía el libro del amigo Verón desde que me lo dedicara apenas publicado a fines del año pasado, pero todavía no lo había leído. Lo guardaba para esas distendidas lecturas veraniegas —en mi caso, al pie de un almendro y junto a una acequia fresca y rumorosa— que amontona uno a lo largo del invierno y la primavera, especialmente si has pasado el rastrillo por las casetas de la Feria del Libro de Zaragoza.

Esta lectura adelantada ha sido un placer y me alegra poderlo afirmar al principio, para que no quede ninguna duda sobre la conclusión de esta presentación: Las puertas de Roma vale la pena, entretiene e instruye al mismo tiempo, como aconsejaba la vieja máxima latina —“ilustrar y deleitar” (delectare et prodesse), al sumergirnos en la vida cotidiana de la Roma imperial en los convulsivos años del fin de la era de Nerón y en los feroces del despotismo de Domiciano en que tuvo que sobrevivir Marco Valeriano Marcial, medrando y adulando, pero también escribiendo esos Epigramas y poemas que le darían fama en vida y lo hacen un clásico indiscutible de las letras.

Verón no omite detalles de la vida cortesana de Marcial, tan escabrosos como divertidos, al servicio de Césares tan crueles como arbitrarios, mientras destila en sus dísticos una ácida visión critica, apenas disimulando los nombres, de muchos personajes de la corte y denunciando con sutil ironía la corrupción reinante. Marcial, nacido en Bilbilis, tiene la mirada privilegiada del “forastero” y alimenta en sus años romanos una secreta nostalgia por su solar nativo, ambiguo sentimiento que revierte al regresar al final de su vida a su tierra natal: añorará entonces la vida trepidante del foro romano, las calles empedradas, los barrios malfamados, los espectáculos del Coliseo, y se sentirá sofocado en una vida intelectual sin alicientes, solo confortado por el paisaje bucólico que lo rodea y ese influyente personaje, Marcela, que lo ama y protege hasta su muerte. Este viaje de ida y vuelta, de tan claras connotaciones contemporáneas, tiene su moraleja,

Para transmitirnos mejor sentimientos y episodios de la vida del gran poeta Marcial, Pepe Verón utiliza variados recursos narrativos. Su biografía novelada no está escrita en la tercera persona y en el tiempo pasado de las novelas históricas tradicionales. Combina el pasado, con páginas escritas en “presente histórico”, donde Marcial rememora en primera persona sus más íntimas vivencias e intercala muchos de sus jocosos, cuando no crueles, epigramas. El personaje no se glorifica y ensalza, sino que se humaniza, se hace cercano.

Pero hay más. En capítulos alternos, dos amigos, profesores universitarios, dialogan en amable tertulia en un bullicioso café de Calatayud, sobre Marcial y su vida. Esta visión contemporánea que incluye una visita a las ruinas de Bilbilis, sorprende al principio. Es un recurso que parece enfriar el relato central, aunque —en la medida que la lectura delas puertas de Roma avanza— la distancia en el tiempo brinda una profundidad al personaje de Marcial y lo proyecta en una dimensión histórica, siempre vigente.

“Alguien tenía que escribir una novela sobre Marcial: hacía falta y ya está aquí— afirma José Luís Corral en el Prólogo— La fortuna es que el autor ha sido José Verón, y por eso estamos de enhorabuena”.

 

Enhorabuena que comparto, no solo por Las puertas de Roma, sino por otras razones que no puedo dejar de evocar. Conocí a José Verón en el marco del Congreso de la Asociación Aragonesa de Escritores celebrado en Calatayud en 2009. Quiso el azar que en las caminatas de un punto a otro de la ciudad a que nos llevaba el programa de actividades, fuera mi cicerone y me diera mis primeras informaciones sobre la historia, monumentos y la importancia de la obra de Marcial en ese contexto. Luego fui lector sensible de su poesía, hasta el reciente Ritual del visitante, publicado por Olifante y que no tengo reparo alguno en recomendar con el mismo entusiasmo con que lo hago con Las puertas de Roma.

No puedo dejar de mencionar al fotógrafo y esa cálida remembranza que nos dan sus álbumes e ilustraciones en blanco y negro, de un Aragón que ha recorrido con ojo sensible y atento, donde el pasado se articula con el presente en un diálogo ejemplar. Algunas de esas fotos han ilustrado la portada y las páginas de Imán, la revista de la Asociación Aragonesa de Escritores.

No quiero concluir con una lista de libros, premios, medallas y condecoraciones que adornan el pecho de José Verón. Dejo esta tarea para los curiosos que se adentren en Google. Lo que quiero es destacar que este “hijo predilecto” de Calatayud nos ha dejado con Las puertas de Roma, un libro necesario, tal vez la mejor introducción a la obra de Marcial. Y con eso solo bastaría, aunque felizmente existe lo otro: el artista y el poeta.

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